Por: Manuel Velázquez Lugo
Transformación… una palabra que desde hace años ha sido nombrada en todos y cada uno de los discursos políticos del partido en el poder… -sí, Morena-, casi como si hubiera sido calcada de un texto a otro. La repiten todos mientras alzan el puño enérgicamente ante un público que, a la fecha -y tal y como pasa con todos los otros partidos políticos también- no sabemos si está ahí por convicción, obligación o por acuerdo económico.
“La transformación llegó”, “La transformación sigue”, “La transformación seguirá”… pero, quién sabe hasta cuándo.
Dentro de la física, la química y la mitología existe algo que podemos asociar con la transformación y el renacer. Se trata del fuego azul.
La llama azul tiene que ver, principalmente, con un proceso de combustión y temperatura, esto dentro de las leyes de la física y la química, pero en la mitología, está asociada justamente con la transformación, purificación, protección y un estado de energía pura.
El fuego transmuta la materia, es decir, destruye, pero también crea. Mientras que el color azul está asociado al cielo, a lo divino y lo espiritual. De ahí que muchas culturas le den ese significado de reconversión. Algo que está expuesto a un fuego azul significa que se está transformando, que ha alcanzado un nivel espiritual más elevado y que todo en sí ha sido purificado por esa llama primigenia.
Lo que me ha llevado a pensar… ¿cuántos de los personajes de la política actual necesitan cruzar por ese fuego azul para purificarse antes del próximo proceso electoral?
Muchos han alzado la mano, presurosos, presurosas, para ser tomados en cuenta, para que no los vayan a dejar fuera de la lista. Esta semana muchos dejarán sus cargos, ya sea por una temporada o definitivamente, con el firme objetivo de ser los elegidos para abanderar su partido. Y comenzará entonces este proceso de purificación; de espiritualidad; de compromiso y pasión, dejando atrás cualquier pecado, por mínimo que haya sido.
En el caso particular del partido en el poder, han sido varios los escándalos que se han evidenciado. Corrupción, inseguridad, desabasto de medicamentos; protestas sociales, marchas, plantones… la realidad está descuadrando mucho de los datos y discursos oficiales.
Y, ¿qué se puede hacer?… digo, el tiempo apremia, la carrera ha comenzado -no oficialmente, hay que dejar eso muy claro- y todos quieren alcanzar un lugar. Por eso es que pienso en la divinidad del fuego azul y su naturaleza de transformación, que creo que encaja perfecto en este contexto.
Y no sólo son los del partido oficial. Los otros, los de la vieja guardia -exacto, PRI-PAN-PRD- y los más recientes -que a final de cuentas están formados por los de la vieja guardia- también harán su proceso; también van a buscar transmutar para entregar su “mejor versión”.
Y es que, la supervivencia política en México siempre ha radicado en saber en qué momento cambiarse de camiseta, pero bueno, ese es tema para otra columna.
En la mitología persa y el zoroastrismo, el Atar sagrado era descrito como un fuego “puro, claro y sin corrupción”. En la cosmogonía chamánica siberiana, el fuego que cae del cielo es frío y azulado, y tiene la capacidad de abrir portales.
Hay cientos de mitologías acerca del fuego azul y sus propiedades divinas y de transformación. Así lo han asociado miles de culturas.
¿Cuántas transformaciones veremos en el próximo proceso electoral?
UN DATO: Xiuhtecuhtli, señor del calor y del tiempo, es el fuego origen en la mitología mesoamericana. Su llama azul-verde representa el centro del universo, el punto donde se cruzan los cuatro rumbos. En los mitos mexicas, el fuego se enciende al principio de cada era para renovar el mundo.
Te invito a que me sigas y me compartas tu opinión. Nos leemos en mi cuenta de X @sagvelux

