Monday, 17 August, 2026

Descansa en paz


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Por: Manuel Velázquez Lugo

Nadie sabrá nunca cuáles fueron tus últimos pensamientos antes de perderte en las aguas lodosas de esa corriente que te arrastró sin piedad. Nadie sabrá jamás tu miedo o desesperación; tu esperanza de aferrarte a algo, de ser rescatado… tu resignación. Y después de toda esa violencia de la naturaleza -que en realidad sólo seguía su curso- pasaste a otro plano, donde la mano de un psicopompo subacuático tomó la tuya para guiarte hasta ese otro reino. Estoy seguro que fue un Yakuruna, un espíritu de los ríos.

Las lluvias han vuelto y han traído abundancia, pero también desastre y tragedia. En Hermosillo una persona fue arrastrada por la corriente del río la noche del sábado.

Mis respetos para todo el cuerpo de bomberos, protección civil y demás, quienes de inmediato iniciaron las labores de búsqueda y se abocaron a ello durante horas… lamentablemente, tres días después por fin localizaron el cuerpo.

Y me es inevitable preguntarme ¿por qué?

A reservar de lo que dicta ya por sí solo el destino… ¿por qué cada lluvia trae una tragedia?

Muchas veces la imprudencia de la gente suma a ello, pero es inevitable cuestionar ¿por qué las ciudades no están preparadas? ¿Por qué los gobiernos no están preparados? ¿Por qué se anuncian tantas obras “maravillosas” y se deja descuidada esta otra parte?

Baches que aparecen al primer contacto con el agua; socavones que devoran vehículos enteros, cuando años atrás ni siquiera existían. La respuesta sigue siendo que la ciudad está muy vieja -llámese Hermosillo, Ciudad Obregón o cualquier ciudad que se tenga en mente- y, por lo tanto, son daños colaterales.

Para la foto están todos. Para el corte de listón; para el banderazo de una obra que aún está en papel, y que luce fantástica en los planos y en la mente del gobernante, pero que todavía no existe. Y peor aún, cuando concluye dista mucho de esa imagen que nos vendieron, tanto en lo visual como en la calidad de los materiales, y ya ni hablar de la durabilidad.

Eventos de “colocación de la primera piedra” de sabrá Dios qué, he visto muchos… y muchos se han quedado en eso, en una piedra.

Pero así como la algarabía perdura trienio tras trienio, y sexenio tras sexenio, las fallas y las tragedias también perduran. Los errores sin solucionar siguen costando vidas; siguen provocando accidentes; siguen costando caro.

¿Soluciones? Pueden ser muchas… mejor infraestructura donde realmente se necesita y no donde el político se va a lucir. Mayor señalización, vigilancia, programas preventivos, etc.

También soy consciente que la ciudadanía tiene que poner de su parte y evitar -en medida de lo posible- ponerse en riesgo, pero, creo que la mayor responsabilidad está del otro lado.

Dentro de las mitologías existen diversos seres y deidades que se encargan de recoger las almas de quienes fallecen de manera intempestiva. Para quienes fallecen en las aguas de los ríos, lagos o mares están los psicopompos subacuáticos. Algunos de los más conocidos son los Yacuruna de la Amazonia, espíritus de los ríos que recogen a quienes fueron arrastrados por las corrientes, caídos en el agua o desaparecidos.

En la mitología mexica, Tláloc, dios de la lluvia, recoge a las almas que mueren por ahogamiento, y los lleva a Tlalocan, un paraíso acuático.

Descansa en paz. Que tu alma sea guiada de nuevo a las estrellas.

UN DATO: En la mitología las muertes trágicas requieren psicopompos especializados como seres liminales, guardianes de fronteras, espíritus del agua, recolectores nocturnos y dioses del tránsito, ya que estos decesos son vistos como rupturas del orden.

Te invito a que me sigas y me compartas opinión. Nos leemos en mi cuenta de X @sagvelux

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