Por Francisco González Bolón

Además de la crisis del agua, la producción de alimentos en el sur de Sonora se enfrenta a los retos de suelos muy empobrecidos, con alta densidad aparente, porcentajes muy bajos de materia orgánica y una reducida actividad biológica, es decir casi sin vida, alertó Ramón Morales Valenzuela.
El experto, agrónomo con experiencia en la agricultura orgánica, aseveró que los suelos de la región están en diferentes grados de salinización, con altos niveles de conductividad eléctrica, Ph muy ácidos, menos de 7 o muy alcalinos, mayores a 7.
Además, la eficiencia en el uso del agua ronda entre un 40 y un 50%, sostuvo, y miles de hectáreas están contaminadas con plaguicidas altamente peligrosos.
Ante las autoridades de la Secretaría de Agricultura de Sonora, el ingeniero agrónomo expresó que en realidad es una situación bastante complicada la que se vive porque la escasa agua para los cultivos se infiltra muy poco y las raíces no se desarrollan como debería de ser.
A eso se le suma que la vida biológica en los suelos es mínima porque los hongos, las bacterias, los actinomicetos, los protozoarios, artrópodos, reptiles y lombrices, están prácticamente en extinción, lo cual empobrece cada vez más a la tierra.
Los insecticidas, herbicidas, fungicidas, acaricidas, nematicidas y otros cidas están contaminando cada vez más al suelo, el aire, el medio ambiente de la región, pues los productores se ven obligados a un uso creciente de fertilizantes sintéticos altamente solubles, como fuentes de nitrógeno, fósforo y potasio y al empleo de maquinaria y equipo para mover el suelo, lo cual lo destruye aún más.
“Toda esta parafernalia en la producción de alimentos, crea las condiciones para que proliferen plagas, enfermedades y malezas en los predios agrícolas, obligando al control químico con la aspersión de cientos de miles de litros de venenos agrícolas, cayendo en un círculo vicioso difícil de salir”, sostuvo.
¿HAY SOLUCIÓN?
Para Morales Valenzuela, la llamada Agricultura Disruptiva (ADIS) es una verdadera opción para enfrentar la situación que actualmente enfrenta la producción de alimentos, el cambio climático, la contaminación ambiental y el daño a la salud de todos los organismos vivos, incluyendo al ser humano.
Con la actual tecnología de producción, aseveró, se incrementa fuertemente la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), lo cual contribuye al calentamiento global, tan extremadamente peligroso para el futuro del planeta y quienes lo habitan.
Por otro lado, el desempleo, la pobreza, las enfermedades, la renta y compra de parcelas y la migración, es un problema que crece y que requiere de pronta atención, destacó.
Ante este panorama, la adopción de la ADIS se presenta como una real alternativa para detener y revertir esta crisis por la que atraviesa el sector agropecuario.
La Agricultura Disruptiva, expuso, se sustenta en la producción orgánica, la gestión eficiente del agua, la captura de carbono y la validación.
Esta tecnología, dijo, coadyuva al logro de los compromisos contraídos y signados por México con los acuerdos de Kioto (1997) de reducir el 5% de las emisiones de carbono y de París (2015), mediante los cuales se estableció el compromiso de disminuir la temperatura a nivel global a no más de dos grados centígrados hacia el 2100.
Este acuerdo, citó, entró en vigor el año 2020.
También es una herramienta fundamental en los objetivos del Programa Estatal sobre el Cambio Climático de Sonora.
AGRICULTURA ORGÁNICA
La agricultura orgánica, explicó, es la tecnología que produce alimentos sin el uso de sustancias químicas sintéticas como fertilizantes altamente solubles, plaguicidas altamente peligrosos, organismos genéticamente modificados o cualquier sustancia o servicio que dañe la salud del suelo, de todos los organismos vivos y del medio ambiente en general.
Para mejorar la eficiencia y los beneficios en el uso del agua, es menester sustituir las actuales técnicas de aplicación, declaró, las cuales ya no son adecuadas para los tiempos actuales y sustituirlas por sistemas que permitan tener una mayor productividad y sustentabilidad, tanto del agua almacenada en las presas, como la de lluvia.
A través de la Agricultura Disruptiva, se cuenta con un factor fundamental para reducir la sobrecarga de CO2 de la atmósfera, puntualizó, ya que incrementa rápidamente, los contenidos de materia orgánica del suelo, así como el humus nutriente y el humus permanente, es decir, incrementa la fertilidad natural de los suelos agrícolas.

“Esta es la forma más rápida, económica, práctica y sensata de eliminar el CO2 de la atmósfera. Con esta propuesta, es posible absorber, capturar o secuestrar hasta 57 toneladas por hectárea por año de bióxido de carbono, lo cual convierte las parcelas en importantísimos sumideros, esto es que la vegetación y los suelos absorben más de la atmósfera del que liberan”, recalcó.
De ser adoptada por el Gobierno sonorense, informó, la propuesta tecnológica se validará directamente en parcelas de los productores, principalmente en granos básicos como maíz, trigo, frijol, garbanzo, así como en hortalizas y frutales.
Las parcelas serán de hasta 20 hectáreas, sin importar el régimen de propiedad y estarán ubicadas en distintos puntos del Valle del Yaqui, aseguró, y el primer año se reducirán las aplicaciones de fertilizantes sintéticos solubles y de plaguicidas altamente peligrosos en un 30% y se aplicarán abonos orgánicos, biofertilizantes y caldos minerales, al tiempo que se evitará al 100% el uso de glifosato y de organismos genéticamente modificados (OGM).
Como medida fundamental, se capacitará a los participantes en todos los componentes del proyecto, para que de manera ordenada y respetando todos los parámetros técnicos, se apropien de las tecnologías involucradas, refirió.
VALIDACIÓN DE LA PROPUESTA
Para evaluar diferentes tratamientos de fertilización orgánica-mineralizada en varios cultivos de granos básicos, hortalizas, forrajes y frutales, declaró Morales Valenzuela, trabajos de validación se realizarán en el sur de Sonora, en los Valles del Yaqui y Mayo, o incluso a nivel nacional, en superficies de cinco hectáreas.
Durante el desarrollo del proyecto, aseguró, se medirán las principales variables agronómicas y de calidad, tales como vigor germinativo, días a la emergencia, vigor vegetativo, días a inicio de floración, días a madurez fisiológica, altura de las plantas, reacción a insectos plaga, reacción a microorganismos fitopatógenos.
Se realizarán análisis de suelo antes y después de los tratamientos y por otra parte se determinarán la calidad física y química del fruto, cuyo rendimiento se evaluará estadísticamente, determinó

