Tuesday, 15 September, 2026

NO ALCANZAN LAS VELAS

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Por: Manuel Velázquez Lugo

Una vela se enciende… dos rodillas se doblegan hasta tocar el suelo y una plegaria se eleva mientras las lágrimas caen…

Con el dolor latente de no saber nada, de tener puras conjeturas en la mente, una madre, un padre lamenta la desaparición de su hijo, de su ser querido a quien la tierra parece haberse tragado (y que, desafortunadamente muchas veces es así).

Sus plegarias, buscando consuelo, se elevan y hacen eco en todas las direcciones, hacia todas las deidades que uno se pueda imaginar, dependiendo de sus creencias y su cultura. Puede ser a Dios, a la virgen, a algún santo, a cualquier creencia que tenga; hacia donde sea que enfoque su fe… y su única petición es encontrarlo o encontrarla.

En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, el 30 de agosto, los colectivos de Madres Buscadoras salieron a las calles de distintas ciudades de Sonora para alzar la voz por sus seres queridos; para exigir a las autoridades que los encuentren, que hagan algo; que hagan su trabajo.

No es la primera vez que cubro esta marcha. No es la primera vez que escucho sus gritos de dolor, de desesperanza y de tristeza. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, ha sido la principal consigna que les he escuchado proferir en los últimos años. Y, con cada paso que dan se siente también la rabia de no tener justicia, de no tener respuestas.

Este fin de semana no importó la lluvia (en Hermosillo), ni el hecho de que algunas calles aún parecían ríos cuando comenzaron a caminar… las miré marchar sin importarles mojarse los pies hasta los tobillos. Se mantuvieron firmes; avanzaron determinadas. Algunos automovilistas mostraron su apoyo cuando pasaron a un lado de ellas… y digo ellas porque, en su mayoría son mujeres, son madres que lo han perdido todo… hasta el miedo.

Uno de los colectivos terminó su marcha en una pequeña intersección poco antes de llegar a Palacio de Gobierno y Palacio Municipal. Ahí, en un espacio les presentaron el proyecto de lo que será la Plaza y Monumento a las Buscadoras, en memoria de las que ya no están, y también como reconocimiento para las que siguen en la lucha.

Si bien la idea tuvo buena recepción por ese colectivo, en redes sociales se observaron opiniones que contrastan, señalando que lo que deberían hacer las autoridades es su trabajo para brindar seguridad, para encontrar a las personas desaparecidas y para evitar que se sigan registrando desapariciones forzadas. Considero que es un reclamo justo.

El otro colectivo que marchó culminó frente a la Catedral Metropolitana, donde hicieron un pase de lista y también alzaron la voz para exigir justicia y que se les brinden las herramientas y el acompañamiento necesario para encontrar a sus seres queridos.

Las plegarias volvieron a alzarse al cielo…

Las Madres Buscadoras siguen recorriendo senderos y abriendo la tierra con sus palas y sus picos, determinadas a llevar a todas y todos de regreso a casa, con sus seres queridos, para dar consuelo a sus familias; para poner fin a una angustia y a un dolor que se ha aferrado a las entrañas de madres, padres, hijos, abuelas, amistades… porque las cifras de personas desaparecidas en México han alcanzado cantidades impronunciables, y es demasiado el camino por recorrer.

De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, en Sonora hay 5 mil 535 personas desaparecidas (sin contar la cifra negra). Si colocáramos una vela por cada persona desaparecida, en cada kilómetro de extensión de Sonora, alcanzaría para dar la vuelta 4 veces de norte a sur, y cinco veces de este a oeste…

Aunque no todos los grupos étnicos tienen una traición o un ritual en específico para las personas desaparecidas, sé que, dentro de sus plegarias, velaciones o ceremonias tradicionales en fechas especiales, se toman el tiempo para pedir por aquellas almas que están ausentes, extraviadas o que divagan todavía entre mundos. Para ellos (los grupos étnicos) las velas siempre serán la manera de dar luz al camino de regreso a casa.

UN DATO: Algunas culturas suelen llevar ofrendas al río, como flores, velas y cruces, para que este interceda y las haga llegar hasta las almas que se mantienen vagando.

Te invito a que me sigas y me compartas opinión. Nos leemos en mi cuenta de X @sagvelux